Blog / ¿Qué harías si no tuvieses miedo?
21 marzo, 2022

«No conocerás el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Solo estaré yo»

                                                                                                                                                         Frank Herbert

 

Como definición, el miedo es una emoción primaria, desagradable, que es provocada por la percepción de un peligro real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Una poderosa palabra con resonancia que arrastra diferentes comportamientos desadaptativos, y que muchas veces nos paraliza impidiendo nuestro desarrollo personal.  Nos deja disfrazados en la comodidad de nuestra casa, en un sofá calentito, estancados, parados y a veces ahogados en la desesperación.

Desde pequeños oímos: No tengas miedo. No seas miedica. No pasa nada, atrévete. ¡¡Vamos, hay que ser valiente, tú puedes!!

Estas frases que pretendían hacer de nosotros seres preparados para comernos el mundo solo consiguieron justo lo contrario. Produjeron en nosotros sufrimiento y dudas. Entendimos que es malo sentir miedo y experimentamos lo difícil que es tener coraje, incompetencia o simplemente que no podíamos hacerlo, y que algo no funcionaba bien en nosotros.

Como ven no me refiero al ¨miedo valiente¨, que me ayuda a conservar la vida, que me moviliza a huir o luchar, con comportamientos ancestrales que han ayudado al hombre sapiens a la evolución y perpetuación de nuestra especie. Tampoco me refiero al miedo que declara la guerra abiertamente por medio de fobias, (miedo exagerado e irracional: como las alturas, las arañas o las enfermedades) o por medio de la ansiedad, (el miedo intenso ante un evento presente o futuro, preocupaciones en resolver o gestionar un problema ante una situación imprevista y que nos impide el funcionamiento normal diario).

Hasta hoy día, los efectos del miedo nos han perdurado y nos conducen en la dirección equivocada. El problema estriba en que no siempre que sentimos miedo se debe a un riesgo objetivo, ya que los sentimientos y las emociones desempeñan una importante función en la sensación del riesgo, y conllevan efectos secundarios negativos.

¿Sentiste alguna vez el miedo, como una sensación rara, latente, casi desapercibida, difícil de reconocer, que palpita en tu corazón y en tu alma, que te impide experimentar, explorar, encontrar otras oportunidades o por ser «atrevido»?

Es el miedo que me retiene en un trabajo sin ilusión y sin pasión, o en una casa oscura junto a un deseo nunca verbalizado de tener hijos, aunque sea con un novio en una relacion no formalizada. Es el miedo que aplaza el avance de mi carrera, justificándolo por el ´´más adelante´´ porque ahora estoy en otras cosas. El que me hace asumir roles de cuidadora o defensora de mis amistades y familia, cambiando mi energía por el desgaste emocional. Energía para las cosas que siempre quise hacer como montar en globo, puénting, dejarme llevar por el deseo y cumplir mis sueños. Saltar más allá de tu zona de confort para poder descubrir lo que hay más allá de tu ser, permitiendo salir a la luz tu verdadero yo.

Es el miedo que impide disfrutar, reír, soñar. En una palabra, vivir.

En los tiempo difíciles que vivimos, cuando todo es incierto y el mundo parece al revés, el primer pensamiento que te viene a la cabeza puede ser que lo lógico es conservar lo que tienes, sin arriesgar y ser cauto. Pero también sabemos cómo normalizar las emociones, sentirlas, ser coherentes con ellas, tener compasión hacia nosotros mismos. En definitiva, conservar todo lo que tenemos, incluso la vida, o dicho de otra forma, no morir.

Con un poco de suerte te despiertas una mañana soleada y piensas en tus deseos incumplidos que son señales como chispas que te hablan de que algo falla en tu vida. Miras al cielo, después al horizonte, al mar y a la vista de tanta belleza te das cuenta de que no eres feliz. Que no sientes nada, solo existes, eres un ser humano apagado, inerte. Que sin darte cuenta estás muerto en vida.

Te buscas a ti mismo y no te encuentras o mejor dicho no te reconoces, y de repente la única emoción que sientes por enésima vez, pero de un modo consciente, es miedo otra vez.

Yo creo sinceramente que uno no puede morir hasta que no pierda la vida.

Y como todo en la vida tiene una explicación, nuestros miedos también la tienen. El primer paso es recordar nuestras ilusiones, deseos o sueños. El segundo es admitir que nos cuesta conseguirlos porque algo me lo impide, a pesar de intentarlo.  El buscar soluciones a nuestros problemas nos da tranquilidad psíquica. Entendiendo y aceptando que nada es seguro encontraremos la resiliencia que nos ayuda a hacer frente a nuestros miedos, a ser valientes, a aprender a convivir con el peligro real, a aceptarlo y gestionarlo.

Una vez descubiertos y gestionados los miedos, esos miedos invisibles, podré sentarme al final con una vida plena, podré arrepentirme de las decisiones que tomé, buenas o malas, pero nunca de las que no me atreví a tomar por culpa del miedo.  Porque todos tenemos un destino, pero no todos decidimos buscarlo…