Blog / La mejor decisión
23 agosto, 2022

Usar el poder de decidir te da la capacidad de superar toda excusa para cambiar cualquier parte de tu vida en un instante.

Antony Robbins.

En nuestras vidas nos hemos enfrentado a momentos complicados en los cuales hemos tenido la necesidad de tomar decisiones complicadas. Las emociones influyen en las decisiones en general, y aún más en las importantes; incluso, cuando afectan a otras personas, es inevitable que aparezcan ciertos sentimientos, como pueden ser: la gratitud, la pena, o el sentimiento del deber, siendo todos estos ¨gigantes¨ que nos impiden obrar de una forma objetiva.

Voy a compartir algunos ejemplos de decisiones tomadas:  “me separo”; “me voy a vivir a otra ciudad o a otro país”; “cambio de trabajo”, …. etc.

Me gustaría intentar explicar brevemente las razones de por qué nos cuesta tanto tomar decisiones, y porqué una vez tomadas, la cabeza nos da tantas vueltas, al entrar en juego los arrepentimientos, que nos hacen sentir culpables de no haber sabido elegir mejor. Incluso, quiero darles unos pequeños trucos para poder tomar decisiones  con menos dificultad.

Son estos los momentos cuando nuestra historia de vida y la capacidad de resolución de problemas se activa en nuestro cerebro, recordándonos los fracasos anteriores, consecuencia de las malas decisiones. Y lo que ronda en nuestra mente en estos instantes es: ¿me voy a equivocar o a precipitar otra vez?

Contrariamente, si las decisiones tomadas en el pasado fueron buenas, acertadas y favorables, éstas nos darán la confianza y el aliento necesarios para intentar encontrar, una vez más, la mejor solución.

Pero desde luego, si la decisión a tomar tiene gran importancia es inevitable que las dudas aparezcan.

¿Cómo sé cuál es la decisión más correcta?, ¿Cuánto tiempo tengo que tomarme para poder pensar en la solución más adecuada?, ¿Estaría bien consultarlo con alguien o es mejor tomarla solo? Todas estas son preguntas que nos quitan energía, nos desgastan y nos empujan a aplazar esta decisión viviendo una situación probablemente muy desagradable.

En primer lugar, es muy importante ser honestos con nosotros mismos a la hora de buscar la solución. Es muy relevante la frase que tanto oímos: ¨cuando no sabes que hacer, lo mejor es no hacer nada¨. Podemos tomar un tiempo prudente en analizar, en explorar, en buscar la información necesaria para poder estar lo más seguro posible. Pero tampoco es bueno prolongar demasiado esta situación. Según la problemática de cada caso, debemos de poner en marcha la maquinaria para buscar la solución.

Actuar de una forma impulsiva o intuitiva nos puede traer después muchos problemas. Por eso, éste es el momento oportuno para buscar la ayuda de un profesional, o algún consejo de un ¨sabio¨ de la propia familia o del núcleo cercano.

Está claro que la implicación emocional en muchas ocasiones tampoco ayuda y puede impedir ver las cosas de una forma objetiva, por ejemplo: si alguien tiene duda en romper o no con su pareja y pide consejo a su madre, si ésta desde hace tiempo desea tener nietos, quizás el consejo no sea el más adecuado. De la misma manera, si una persona que tiene la oportunidad de elegir entre el trabajo que tiene en el presente o cambiar de empresa, la mujer junto a la hipoteca, si es el caso, van a tener muchísimo peso en esta decisión.

Decididamente  los consejos recibidos los tenemos que pasar por nuestros propios filtros y asumirlos. No vale la frase: ¨tú me lo has dicho¨, si las cosas no salen bien. Saber escuchar los consejos y elegir el más adecuado para nuestra situación, es el tema sobre el que intentamos dar luz con estas líneas.

En segundo lugar, al recordar otras acciones con malos resultados del pasado, nos podemos bloquear. Por eso es importante enfocarnos en el presente. En el aquí y el ahora y analizar de una forma detallada la situación real. No dejarnos llevar por el pasado o por lo que hicimos, sino aprender a tener en cuenta y diferenciar entre las circunstancias del pasado y las circunstancias del presente. Es decir, aprender a actuar de una forma novedosa y confiar en nosotros y darnos una nueva oportunidad.

También es importante la capacidad y facilidad de cada uno en detectar y relacionar los ´pros ´y los ´contras´ de cada opción encontrada. Con ayuda de papel y lápiz podemos relacionarlos por escrito. Al verlo el cerebro nos ayuda a entender de una forma más sencilla las diferencias de las distintas opciones, con sus pros y contras, a diferencia de tenerlas al nivel mental,   mezcladas o desordenadas. Eso nos puede ayudar a ver con claridad, con solo echar un vistazo, cuál de estas opciones tiene más posibilidades de ganar como la más favorable.

Cuando el análisis lo hacemos mentalmente los ¨contras¨ tienen mucho mayor peso que los ¨pros¨, y preocupan más, por lo que es aconsejable utilizar la relación escrita de los mismos para hacer una correcta elección, tal como indicábamos anteriormente.

Otra cuestión importante es asumir tanto la responsabilidad de la decisión tomada como su posible fracaso. Ponernos en lo peor de lo que puede suceder en un futuro al tomar esta decisión o identificar la magnitud del desastre que puede ocurrir, nos puede ayudar a ver con claridad el fracaso que estamos dispuestos a asumir.

De esta forma impedimos la aparición de sentimientos de culpabilidad si las cosas no salen según el plan previsto. Es decir, sé de antemano lo que puede ocurrir. ¿Lo puedo asumir para bien o para mal? Las vueltas que le damos después solo nos  quitan energía y aportan disgustos.

Asumir desde el primer momento un fracaso de la decisión tomada me aporta tranquilidad y bien estar emocional.

Cuando estas decisiones atañen a otras personas, es importante tener también en cuenta sus opiniones. Es una manera más real de entender la situación presente y actuar según las necesidades de cada uno.

Comunicando las dudas, y teniendo en cuenta las diferentes posturas de los implicados puedo encontrar la mejor solución para todos, evitando de esta forma futuros conflictos.

Por último, pero no menos importante, otro factor que hay que respetar, según mi opinión, son nuestros propios valores individuales, que se nos han inculcado a lo largo de nuestra vida. Si estos valores están presentes y vivos en nosotros, nos van a aportar muchísima tranquilidad para la elección de la decisión correcta. Nuestra forma de ser influye en la modalidad de tomar decisiones, de sentir y de actuar en general.

Está claro que no siempre vamos a acertar con la mejor decisión, pero no será porque no lo hemos intentado. Aceptarnos con nuestros puntos fuertes y con nuestras debilidades, es la manera más correcta de superar cualquier decisión en nuestra vida.